El paciente con trastorno por atracón, al que coloquialmente se denomina comedor compulsivo, siente que su vida está dominada por la comida. Cuando se siente ansioso, eufórico, contento o triste tiene la necesidad imperiosa de comer para calmarse.
| En una revisión de los pacientes tratados en CENTRO ABB, por trastorno por atracones, vimos que un porcentaje significativo había tenido anorexia en la adolescencia y bulima en la juventud. |
Estas sensaciones le llevan a tener momentos de voracidad incontrolables que le llevan a sentirse culpable por su forma de comer. Lo más frecuente es que intente hacer dieta par adelgazar lo que ha comida pero, aunque ha empezado mil dietas es incapaz de mantenerlas. Cuando la dieta fracasa el malestar le lleva a comer, aún peor de como comía antes de la dieta. Obviamente esta forma de comer, por nervios, acaba siempre en sobrepeso y con frecuencia en obesidad. El paciente en un episodio de ansiedad “se come lo que encuentra”. Lo más frecuente es recurrir a alimentos dulces y golosos. Hay pacientes que tienen ansiedad selectiva. Aquí se llevan la palma el chocolate y las pastas. Hay pacientes que sólo calman la ansiedad si se atiborran de chocolate.
A diferencia de la bulimia, la persona con trastorno por atracón no compensa las comilonas con purgas, laxantes o diuréticos. En una revisión de los pacientes tratados en CENTRO ABB, por trastorno por atracones, vimos que un porcentaje significativo había tenido anorexia en la adolescencia y bulima en la juventud.
Hay dos picos de edad. El primero son los niños preadolescentes que comen de forma ansiosa y con frecuencia por aburrimiento. El segundo grupo son mujeres adultas, y algunos hombres, entre 30 y 50 años que después de haber tenido sobrepeso han entrado en un funcionamiento ansioso con la comida con fracaso de los tratamientos dietéticos convencionales. No hay estudios estrictos que hablen de la afectación en hombres pero hablaríamos de un 25 % de pacientes varones. Es cierto que a los hombres les cuenta mucho más pedir ayuda por estos problemas y van por el mundo con una bomba de relojería en su interior que es la obesidad.
En el tratamiento las dietas fallan siempre y si, ahora que está de moda, se operan, se complica la enfermedad. El tratamiento se ha de dirigir desde un equipo interdisciplinario a:
- - Educar en pautas de ingesta adecuadas.
- - Potenciar una actividad física saludable y realista (quien nunca ha ido al gimnasio es difícil que lo haga a los cincuenta años)
- - Ayudar a que exprese de forma diferente la ansiedad. Que aprenda a reducir el estrés. Ayudar a que las emociones no se las coma sino que las viva.
- - Aplicar técnicas de reducción de la ansiedad.
- - La alimentación ha de ser completa, sin restricciones absolutas pero controladas. Se ha de comer con frecuencia en cantidades pequeñas. En función del estado físico se aplicarán los diferentes programas de tratamiento.
La experiencia es que si el paciente se aplica e implica en el tratamiento, se consiguen mejoras estables en la mayoría de pacientes. Las pérdida se peso se mantiene si persiste en los hábitos de vida sanos que ha ido adquiriendo con el tratamiento. Pero lo más importante es conseguir que el paciente cuando esté angustiado se tranquilice, cuando esté triste llore, cuando esté contento se ría... pero que no coma.
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